
55 años, clásica pero rebelde. No me gustan los estereotipos
La farmacia fue fundada en 1977 por mi madre, Teresa Romero Martínez, una auténtica pionera. Dejó una farmacia cómoda y estable en El Viso (Madrid) para abrir una nueva en Estoril II, Móstoles, cuando aún era una zona en construcción.
Durante años, la farmacia tuvo una actividad modesta, con poca facturación y afluencia. Todo cambió en 1994, cuando se inauguró un centro de salud relativamente cerca. Aunque no éramos la farmacia más próxima, el impacto fue notable: aumentaron las ventas y, con ello, nuestra actividad.
Por aquel entonces, yo estaba desarrollando mi tesis doctoral en el departamento de Farmacología de la Facultad de Farmacia (UCM). Viendo esta nueva oportunidad, mis padres me pidieron incorporarme a la farmacia para afrontar los cambios que se avecinaban: informatización, relaciones con médicos, adaptación a nuevas dinámicas… Dejé la tesis, presenté la de licenciatura y me uní al proyecto familiar.
Ampliamos el horario a 12 horas y me incorporé a turnos como una farmacéutica más. Al tener jornada continua, decidí seguir formándome con un objetivo: “un curso cada año”. Contratamos a una farmacéutica recién licenciada y, junto a ella, aprendimos el oficio bajo la mirada experta del auxiliar que llevaba toda la vida en la farmacia.
En ese momento, el 80% de nuestros ingresos provenía de recetas de la Seguridad Social, y solo el 20% de la venta libre. Intentamos cambiar ese equilibrio, conscientes de que el modelo de oficina de farmacia estaba cambiando: pasábamos de ser profesionales sanitarios con vocación social a funcionar cada vez más como administrativos. Vimos una oportunidad en el desarrollo de la categoría de AATT: nos permitía seguir aportando valor sanitario y reducir la presión derivada del sistema de recetas.
A lo largo del tiempo, probamos muchas estrategias para modificar ese reparto, sin demasiado éxito. El público nos sigue viendo como un lugar donde resolver problemas de salud, pero no como un centro de bienestar. Por eso, decidimos apostar por la ortopedia: un establecimiento sanitario donde el paciente asume el 100% del coste y que no está afectado por los Reales Decretos.
En 2015 creamos Orto Apoyo, S.L., con sede dentro de la farmacia. Nació con un doble objetivo:
El perfil de cliente era el de siempre: quien venía de urgencias con una receta, y de paso nos contaba la situación que estaban viviendo. Muchas veces no existe una cultura previa sobre este tipo de productos: no se eligen, no se planifican… se compran con prisa. Nuestra misión era clara: bajar el ritmo, ayudarles a pensar y guiarles en función de sus necesidades reales.
En 2019 contraté a Mediform para transformar la farmacia. Aunque creía tener una buena base en gestión, era consciente de que necesitaba ayuda para liderar un equipo orientado también a la venta.
En 2020 llegó la pandemia. Dimos lo mejor de nosotros en una situación extrema. En plena tercera ola, en enero de 2021, nos sorprendió Filomena, la gran nevada. Madrid se volvió mágico durante un fin de semana… hasta que el lunes nos devolvió a la realidad: calles impracticables y una ciudad paralizada. Poco después, sufrimos un incendio que arrasó la farmacia.
Fue un golpe durísimo, pero también un punto de inflexión. Afortunadamente, nadie salió herido. La necesidad de sacar el negocio adelante me transformó. Aparecieron habilidades que ni sabía que tenía: priorizar, liderar, mantener la calma, gestionar la adversidad… Aprendí a no dejarme manipular, a tener temple. Y sobre todo, descubrí quién estaba de verdad a mi lado: clientes, proveedores… y volví a dar gracias.
En 2021, durante la reconstrucción, habilitamos el local de la ortopedia como farmacia provisional, mientras rehabilitábamos el espacio original. Una vez terminado, trasladamos la sede fiscal de Orto Apoyo a ese local anexo, con la misma dirección pero distinto registro catastral.
En 2022 me ofrecieron formar parte de una candidatura al COFM como secretaria general. Contra todo pronóstico, ganamos. Mi vida cambió por completo.
Cuatro años después, ya estabilizada, toca analizar el camino recorrido. Hacer números, marcar objetivos y mirar al futuro. Me quedan 15 años para la jubilación, y quiero dedicar este tiempo a enfocar bien la última etapa profesional. Porque, si Dios quiere, quiero cerrar el ciclo con la tranquilidad de haber hecho lo correcto.
